sábado, 31 de mayo de 2014

Educando por vocación


Ángela Robert, Maestra Rural


*Tan solo con la primaria, ha instruido a 3 generaciones de niños, para leer y escribir.




Jair Avalos López

 


Originaria de la localidad de Aserradero, en el estado de Oaxaca. Ángela Robert Ruíz, es una maestra rural, que puede dar fe del proceso de alfabetización.
Madre de 12 hijos. Ángela, a los pocos años, entró en necesidad de instruir a sus propios hijos, pues en su lugar de origen no existía escuela. Cuenta sólo con la primaria.
“No había maestro en ese ranchito, y comencé a enseñarle a mis hijos con el famoso método de San Miguel Arcángel o la cartilla”, declara.
Doña Ángela, añora esa forma de preparar, pues asegura que eran cien por ciento efectivos.  La cartilla explica las tablas de multiplicar, sumar, restar y dividir.
Además de enseñar matemáticas, esenciales para la vida del campo. La cartilla contenía español,  civismo, música, religión y varios temas más.
“Es un maravilloso libro, también enseñé con el método de Enrique C. Rebsamen. En los años 50´s” recuerda la señora Robert.
Hace poco más de 30 años vive en Tierra Blanca, y es reconocida en la comarca por ser maestra rural
“Llegue a tener más de 30 niños, para enseñar, tenía diferentes horarios para atenderlos, sobre todo en vacaciones” señala.
Desde el puerto de Veracruz, Boca del Río, Acatlán, y varias colonias de la ciudad, venían los niños para repasar y aprender con ella.
Má Gela, como es conocida por todos sus vecinos y familiares, también es curandera. Una práctica poco común en esta zona.
“Esto nació de la necesidad, mi hija después de enviudar, se enfermó de espanto y fue mi suegra Margarita Hernández quien me enseñó como hacerlo”, argumenta la entrevistada.
Avergonzada de conocer esta práctica, poco a poco se fue corriendo el rumor de su manejo en estas disciplinas.
“Después, una nieta cayó en cama igual, se puso muy flaca y hasta convulsiones tenía, tuve que volver a hacerlo”, dice.
Cuando llegué a Tierra Blanca mucha gente supo que yo hacía esto. No sé y ni sabré quien dijo, poco a poco venían a curase conmigo.
Demuestra que es una práctica poco usual. Usa una hierba, que ella nombra hierba de espanto.
Pide como material de trabajo, un cuarto de Aguardiente y espíritus de tomar y untar que venden en el mercado. Con esto realiza sus curaciones.
Relata que llegó a esta ciudad por su hijo Alejandro, hace más de 38 años. Aunque se le hizo difícil al principio, por las altas alturas.
Está muy orgullosa, pues es hija de un coronel revolucionario, Leopoldo Robert. Este, luchó al lado del conocido Panuncio Martínez.
Cuenta que su padre estuvo asentado en varias rancherías, y por un tiempo estuvo en la ranchería de Paso Blanco, lo que hoy es Tierra Blanca.
“Él estuvo más en las zonas de Acatlán, recorrió Córdoba, Veracruz, estuvo en México y fue muy amigo de Panuncio”, Rememora la señora Robert.
Ella quiere este lugar, pues dice que aunque no nació aquí ha visto correr a muchos de sus alumnos, y asevera que para ser maestra no solo hay que estudiar, sino tener vocación.
 
 

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