LOS BUÑUELOS EN TIERRA
BLANCA
*Los buñuelos de Tierra
Blanca se caracterizan por su durabilidad y su sabor, de entre los demás.
Jair
Avalos López
De
origen Árabe, los españoles crearon un postre que solo se preparaba en la temporada
de frío puesto que muchos de los ingredientes no fermentaban de la misma manera
en verano.
Llegados
a las costas mexicanas, en la época colonial, los Sevillanos asentados en las
playas de Veracruz, convirtieron a los buñuelos en una tradición navideña.
Como
platillo típico de la cuenca del Papaloapan, Tierra Blanca se ha distinguido
por el sabor de este platillo. Como un ejemplo la señor Zoila Arano, que cada
fin de año los comercia.
“Esto
comenzó hace diez años, porque mi tia Lucía me enseñó a preparar la masa y
hacerlos para freír”, señala la entrevistada.
La
primera vez que la señora Zoila los comenzó a vender, tuvieron mucha aceptación
por el público. Asegura, que en unas horas salieron los dos kilos de harina
preparados.
Asegura que la temporada de
los buñuelos es de Octubre a hasta Febrero. Inclusive, en Marzo también se
pueden degustar, pero por el calor su sabor no es el mismo.

En algunos países de América Latina, como Colombia, Cuba, y Ecuador los buñuelos forman parte de la cena de Navidad, junto a las natillas. En Colombia, por ejemplo, se suele juntar una medida de queso fresco molido, huevos, almidón de maíz con un poco de almidón de yuca y azúcar.
Todos estos
ingredientes se mezclan y se fríen, hasta dorarlos. En Cuba es costumbre
confeccionarlos con la masa de la yuca. Son dulces típicos en celebraciones
señaladas, como el Día de Todos los Santos, Pascua o las Fallas de Valencia en España.
Aunque, varia
la forma y las recetas para hacer, en Tierra Blanca, se han caracterizado por
ser un panecillo duradero después de su creación.
“La receta
que se hace en la zona, dura muchísimo, en Tuxtepec hacen buñuelos, pero le
echan mucho huevo y queda choquillento y no dura lo mismo que los buñuelos
veracruzanos”, asevera la señora Arano.
Muchas de
las abuelas, tías y madres de familia siguen perseverando en esta tradición,
pues la consideran parte fundamental del acervo gastronómico veracruzano.
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